La Plataforma en Defensa de la Enseñanza Pública ha convocado una huelga educativa para el próximo 28 de abril en la Comunitat Valenciana.
Se veía venir. De hecho, desde el primer momento de una negociación que ha durado dos meses, se intuía que la Administración sólo podía hacer una cosa para parar esta convocatoria. Dimitir. Pero no digo el conseller Alejandro Font de Mora. Digo dimitir todo el Consell, retirarse de Les Corts y convocar unas elecciones anticipadas en las que el PP no ganase y el PSPV-PSOE pudiera formar una coalición de gobierno para la Generalitat. Algo así quiso decirme un dirigente sindical hace unas semanas: “No podemos entender esta movilización como que hemos ganado. El PP sigue teniendo la mayoría social y política”. Pues eso.
El conflicto comenzó con lo de dar Educación para la Ciudadanía en inglés. Que visto desde la distancia, más le hubiera valido a la Conselleria dejar de lado la idea. Ahora hay en vigor una moratoria (por la cual cada docente decide el idioma) y hay convocada una huelga. Esto provocó una fuerte respuesta sindical, que terminó en exitosa manifestación y en una huelga para el 15 de diciembre que se aplazó. Entonces, la postura de los moderados se impuso, pero ya era previsible que al final la huelga era imparable.
¿Por qué? Fundamentalmente, porque, confesión sindical, “lo de Educación para la Ciudadanía tiene escaso recorrido (de hecho, ya está prácticamente paralizado a la espera de sentencia) y lo quehay que reivindicar es un cambio en la política educativa de la Generalitat”. Aquí la palabra clave es “política”, quizás más que “educativa”.
La Plataforma reivindica trece puntos. Son importantes, pero van más allá de las condiciones laborales del profesorado. Con puntualizaciones, al profe que está con su destino definitivo en el instituto, no le afecta a sus condiciones. Quizás lo de la catalogación lingüística de su puesto de trabajo, pero éste, justamente, era el punto donde el acuerdo estaba más cercano. Así que la huelga no es corporativa, no es por una subida de sueldo o por un cambio en el calendario escolar o esas cosas.
Y que conste que esto no quita ninguna legitimidad a la convocatoria. Ni mucho menos. En la Plataforma están los padres, tres sindicatos docentes, las asociaciones de directores y una de inspección, diversas entidades y algunos alumnos. Y todas ellas tienen, por supuesto, legitimidad para reivindicar los puntos que reivindican.
Por eso creo que tenía poco futuro la negociación. Sobre todo, porque desde el principio, y en mi interpretación, alguno de los miembros de la Plataforma ha hecho más por llegar al actual punto que por firmar cualquier consenso con la Conselleria. Bueno, cada cual entenderá la palabra ‘diálogo’ de una forma u otra, pero el “todo o nada”, el “o aceptas o me llevo el Escatergolis” no parece que muestre una clara intención de negociar. También es verdad que mucho profesorado está a favor de las movilizaciones. Creo que quizás sea esto donde más descuidada ha estado la reacción de la Conselleria.
Aquí entra el terreno de la política. Hasta la irrupción de Garzón y el caso Gurtel, este movimiento social, es decir, la Plataforma, ha sido la primera herida más o menos seria en la apacible situación del PP en la Comunitat. Es decir, la Plataforma es un buen ariete para la oposición política. Por tanto, dejarla diluirse en un tira y afloja negociador no es oportuno para quienes aspiren a ver cambios en la Generalitat.
El problema de esta estrategia es que aún falta mucho para nuevas elecciones. Por tanto, para que fuera efectiva, la Plataforma debería pervivir dos años más en la actualidad política. “Largo me lo fiáis…” Sobre todo, porque antes llegan las elecciones sindicales docentes.
Y en este punto, la actual unanimidad puede resquebrajarse. Los sindicatos docentes saben que “el principal activo de la Plataforma es la unidad de acción” (dirigente sindical dixit), lo que no quiere decir que estén cómodos en esta situación. Les puede pasar factura, según como cada cual juegue sus cartas.
Hay que tener en cuenta que el STEPV tiene más del 40% de la representación sindical en la Comunitat. Por tanto, por ser el que más fichas tiene en la mesa, es quien más se juega. Por ahora, al ser mayoritario, su opinión cuenta mucho pero, al mismo tiempo, comparte protagonismo con FE-CCOO y FETE-UGT. Y si las movilizaciones son un fracaso, será su fracaso. Pero quizás el peor riesgo es si la Administración educativa realiza algún movimiento que lleve al resto de componentes de la Mesa a pactar, lo que le dejaría “a la intenperie”. Es decir, si padres y FE-CCOO como complemento docente firman con la Generalitat un acuerdo, su política de máximos puede ser una losa. Socialmente, si los padres están de acuerdo y varios sindicatos docentes también, quien se quede fuera del acuerdo puede quedar como un radical. Y cuando tienes más del 40%, es muy difícil subir, pero hay mucho recorrido por perder.
Quizás sea más complicada la situación de FE-CCOO. Sobre todo porque en las coaliciones, movimientos unitarios y cosas parecidas, donde el mensaje es único para varios, el “voto útil” sale reforzado, y este voto útil suele parar al primero. Es decir, que si STEPV y FE-CCOO reivindican lo mismo, son lo mismo y, por tanto, hagamos piña con el STEPV porque si en lugar del 40% se llega al 50% tendremos más fuerza. Y esta situación se le hace un poco más indigesta porque en Comisiones creen que siendo insuficiente, todavía hay recorrido en la negociación. Romperla es enrocar a la Conselleria que, si tiene convocada una huelga, le da igual dos que 200. Es decir, si hay huelga de todas formas, para qué pactar nada. Y por tanto, a juicio de FE-CCOO, será un volver al punto inicial. Y cosa curiosa, para ellos: lo único que quedará en la mesa será lo conseguido por ellos en los tribunales que son los autos que han paralizado la impartición de EpC en inglés.
Para FETE-UGT, la Plataforma, en mi análisis, claro, le está yendo bien. hay que tener en cuenta que no llega al diez por ciento de los votos docentes y su presencia en la Mesa Sectorial responde más a una prebenda legal que al apoyo docente (¡cuánto se arrepentirá CSI-F de haber apoyado aquella reforma de representación sindical!) En cambio, su protagonismo en esta negociación en los mediosha sido relevante, muy relevante. Esto, claro, es positivo si luego se traslada a los claustros, que es donde un sindicato se juega el tipo.
Para ANPE y CSI-F, ambos fuera de la Plataforma, la situación es diferente. ANPE sí tiene una significativa representación y está en la Mesa Sectorial y en este proceso se ha sentido ninguneado. No se apuntó a la Plataforma “porque desde el primer momento vimos que era política y no docente”. Así que por un lado tiene el riesgo que quedar fuera de la discusión pública, pero por otro se le ha abierto alguna que otra puerta. Sobre todo, porque los sindicatos que se han apuntado a la Plataforma han tenido que negociar con los padres y están “entretenidos” en las cosas de la Plataforma. Esto deja la vía libre a ANPE para reivindicar otras preocupaciones de los docentes, ellos sí ser corporativos en sus reivindicaciones. Un ejemplo claro es la jornada continua. La Plataforma, con los padres en ella, nunca recogerán ese testigo, por lo que ANPE puede hacer de ello bandera. Es curioso, por ejemplo, que en la última Mesa Sectorial, en la que se abordaron los puntos de la Plataforma, STEPV recuperara la reivindicación de la jornada única. Saben que por ahí ANPE les puede hacer daño e, incluso, ganar terreno en el colectivo de interinos, donde ANPE está siendo muy activo. Y eso, trabajado centro a centro y en la corta distancia (ya que en los periódicos suelen salir menos que el resto) puede darles un buen impulso electoral.
Lo de CSI-F es otra cosa, fuera de la Mesa Sectorial, ha apostado por ser más agresivos. Fuera, ya lo he dicho, de la Mesa Sectorial, digamos, del “parlamento docente”, ha reforzado sus recursos humanos en el terreno de la Comunicación. Es fácil ver la estrategia.
En definitiva, se podría hablar mucho de lo que se reivindica y se negocia, pero no lo he pretendido con este análisis. La Plataforma sigue unida, con algún que otro pesar de sus miembros, y actúa unida convocando la huelga, como ya se veía venir. Porque pese a todos los problemas, repito, se es consciente del gran activo que se tiene: la unidad frente a la Administración.