Quien es padre –y quien no– entenderá la congoja que se siente al escuchar noticias como el fallecimiento de niñas como Iraila, artista que conocimos por la tele. Un vértigo empático cuando se derrumba la certeza, reflejada en otros, de que tras este segundo vendrá el siguiente y lo más preciado seguirá con nosotros.
Admiro cuando leo cómo la pequeña, pese a la enfermedad, siguió formándose en música y canto. Se educó. Intuyo que luchó, pues, hasta el último instante.
(mas…)