Me atrevo, por tanto, a hacer una sugerencia al respecto. A tirar la piedra y poner la cara (este blog va con foto) y ya quien quiera recoja el guante o pase de largo, al gusto de cada uno.

Y así, en este debate, introduzco un aspecto nuevo, el sugerido cual globo sonda hace unos meses por el propio ministro Ángel Gabilondo sobre la posibilidad de extender la edad de escolarización obligatoria hasta los 18 años. Una opción que un país que quiera conquistar el futuro debe plantearse, ya sea como obligatoriedad o como objetivo a conseguir. Recuerdo que uno de los objetivos de Lisboa es conseguir que el 85% de los jóvenes titule en Bachillerato o FP Grado Medio (no en ESO). Es decir, que continúe sus estudios al menos hasta los 18 años.
Esta extensión de la obligatoria hasta los 18 años, además, permitiría, ahora sí, aplicar la propuesta del PP de tres años de ESO y tres de Bachillerato. Cuadrarían las edades con los cursos y con la pretensión de algún día alcanzar los objetivos de Lisboa. O, al menos, la extensión hasta los 17 años coincidente con la finalización del Grado Medio de FP.
Esta propuesta, sin embargo, es evidente que separa la edad de escolarización con la edad de incorporación al mundo laboral (16 años) y no es útil para aquel alumno que se queda en la Secundaria Obligatoria, o que termina un PCPI con el ánsia de ponerse a trabajar y no a estudiar.
De esta forma, la extensión de la edad de escolarización obligatoria debería incluir un apartado de exenciones. O más bien, ampliar el concepto de escolarización. Me explico.
Edad obligatoria hasta los 18 años que también incluye ponerse a trabajar a partir de los 16 años con un contrato laboral formativo, ya sea con la creación de la figura de aprendiz (como se ha retomado en la Comunitat Valenciana), ya sea con un contrato laboral ligado al certificado que otorga cursar un PCPI o relacionado con la adquisición de la experiencia que permita la certificación de cualificaciones para módulos de FP. O, incluso, como se ha apuntado desde el gobierno, ese contrato a la alemana, a tiempo parcial, completando la jornada con formación. Es decir, incorporarse a la vida laboral sí, pero sin abandonar del todo el sistema educativo.
En definitiva, una propuesta que el único hueco que deja a la generación ni-ni es un programa de televisión.