11 Febrero 2010
La ley protege, pero ni fomenta ni recupera, la autoridad docente
Creo que FETE-UGT acierta en la distinción que hace entre autoridad legal y autoridad en el aula en torno al debate sobre el proyecto de Ley de Autoridad Docente presentado por la Conselleria de Educación. Estas leyes sirven (si sirven para algo) para aumentar la protección legal del docente frente a amenazas y agresiones. Y, para mi, más importante que el aumento de la pena que supone agredir a una autoridad pública, es la presunción de veracidad que decanta la balanza hacia el profesor en caso de declaraciones contrapuestas. Otra cosa es el aula, su clima de convivencia, y me temo que en ese ámbito, más enemiga de la autoridad del docente es la televisión que las leyes. Pero en fin, pongo la opinión de FETE remitida a los medios.
“La Federación de Trabajadores de la Enseñanza de UGT (FETE-UGT PV) considera jurídicamente impecable el anteproyecto de Ley de Autoridad Docente que ha presentado el Conseller de Educación ya que tiene por objeto reforzar la autoridad del profesorado, no “per se”, sino en la medida que sirve para garantizar la prestación de un servicio publico educativo esencial.
FETE-UGT PV valora positivamente que la ley recoja un título específico que reconoce y garantiza un plus de protección jurídica al profesorado en el ejercicio de su función, máxime teniendo en cuenta que ejerce, como ya hemos señalado, un servicio publico esencial, como ya tienen reconocido los profesionales de la sanidad.
FETE-UGT PV sabe diferenciar entre la autoridad legal o “potestas”, que esta norma le reconoce, y la “auctoritas” que se consigue y legitima día a día en el aula y que debe venir acompañada de medidas que apoyen, refuercen y favorezcan la convivencia escolar”.

Pedro Cubero Villalba ha escrito,
J f, 2010 @ 10:08
Es claro que en nuestro entorno cultural hay una divergencia muy grande entre el deber y el deseo (hoy los derechos tienden a ser prolongaciones de los deseos), y en la escuela esto se manifiesta de modo muy potente. Lo que ya no tengo yo tan claro que debamos ser los docentes los que hemos de remediar este error, al menos en su mayor parte. Considero que hay una dejación de funciones por parte de las familias que luego vierten su complejo de culpa sobre cualquier intento de hacerlo por parte del “maestro de su niño”, que “me lo ha castigao porque le tiene manía” o cosas parecidas.
Los padres, a traernos a los niños bien preparados para obedecer y aprender, y los maestros a ayudar a recorrer el apasionante mundo de la cultura. Por supuesto, con auctoritas y con potestas… ¿No cree?