Que las universidades se comportan como los gases, es decir, tienden a ocupar todo el espacio del que disponen, se puede dar por bueno. Y ahora la Ley de Economía Sostenible (LES) pretende darles más espacio. Y no sé tanta física para decir qué pasa cuando dos cuerpos ocupan el mismo espacio, o si esto es posible. Pero eso va a pasar en la Formación Profesional, algo, obviamente, que no ha gustado nada a los institutos. FETE-UGT inicia una campaña al respecto.
Expliquémonos. En el artículo 84 de la LES se permite que en los campus universitarios se creen centro de FP Grado Superior para la “generación de entornos integrados de formación profesional, donde se desarrollen nuevos modelos de relaciones entre el tejido productivo, al universidad, la formación profesional y los organismos agregados con el fin de crear innovación tecnológica y empresarial”. Es más, en una de las adicionales, se plantea crear 27 institutos de FP en el contexto de los campus de Excelencia.

Es un hecho que en las dos últimas décadas se ha producido un doble fenómeno: el descenso del alumnado aspirante a las universidades (algo que en el último año pareció cambiar) y la ampliación de la oferta de títulos y plazas universitarias. Una bomba para el anterior sistema de financiación universitaria basado, en menor o mayor medida, en el número de alumnos. Es decir, la universidad (su financiación, y también los horarios de los docentes) necesita estudiantes para alimentar la máquina. La primera respuesta ya se sabe: convertir la Selectividad en un trámite en el que aprueban el 95% del alumnado que se presenta. Llegue o no llegue con los mínimos requeridos, y para paliar eso se crearon los “Cursos Cero”, muy extendidos en los campus.
Además, a modo de escuelas de negocios, las universidades extendieron su oferta de títulos propios y, con la llegada de Bolonia, su oferta de másteres. Es significativo que la adaptación al EEES comenzase por los másters en lugar de por los Grados. Es decir, se adaptó primero donde había cuota de mercado que ampliar y se relegó la adaptación de su “negocio estatutario”, las diplomaturas y licenciaturas.
Ahora, tras la expansión “por arriba”, la de los títulos propios, la LES permitirá a la universidad crecer “por debajo”, en la Formación Profesional.
Cierto es que esta medida requerirá de desarrollo. Es decir, ¿será la Administración quien ubique un instituto en el campus o la universidad diseñará, dentro de su autonomía, los ciclos? ¿Los impartirán los profesores universitarios o serán del cuerpo de técnicos de FP? ¿Tendrán que hacer el máster de docencia como el resto de profesorado de Secundaria? ¿Impartirán clase los profes universitarios? Etcétera. En definitiva, ¿es ésta la manera de incrementar la consideración social de la FP, o creará ciclos formativos de primera y de segunda?
Para el sector no universitario no convence mucho lo dispuesto (en este tema) por la LES. A ver si ahora los institutos de FP van a ser subsidiarios de la universidad.