Señala MAGISTERIO esta semana que uno de los grandes escollos para la firma del Pacto por la Educación se encuentra en el Objetivo 7 en el que se somete la concertación a la planificación (disponibilidad presupuetaria de la Administración educativa pertinente) en detrimento de la libertad.
El peso que tiene el eterno debate pública/concertada en la Educación española es enorme. Uno piensa que el gran problema del sistema educativo está en la instrucción (porque es de su carencia de lo que hablan los indicadores sobre titulación -abandono educativo- y rendimiento académico -Informe PISA-) pero ya se ve que tras treinta años de democracia y veinte de conciertos, el derecho a la libertad de enseñanza sigue estando en el sesgo ideológico que pringa el debate educativo. Ya señalé que quizás en este debate falte empatía y es porque se entiende que cualquier medida favorable a una red tiene per se perjudicará a la otra.
A mi juicio, la ONU ya dejó claro hace sesenta años que el derecho a la Educación y el de libertad de enseñanza están al mismo nivel. Ambos se recogen en el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 26.

* 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental.

* 3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Dicho esto, creo que de alguna manera, y debido tanto al problema de instrucción que tiene nuestra Educación como al alarmismo social que generan ciertas reivindicaciones educativas, el derecho a la libertad de enseñanza ha mutado. En aquellas autonomías donde peor está la Educación, la concertada es entendida por las familias como un reducto de calidad (sea esto cierto o no) y por eso el derecho a la libertad de elección se usa como derecho a una Educación de calidad. Lo vivo en Valencia: tanto decir que la escuela pública está fatal (y, más importante, con gran dosis de veracidad), cómo culpar a los padres que busquen una alternativa.
Por tanto, es perentorio elevar la calidad de la enseñanza porque es así la única manera que el derecho a la libertad de enseñanza vuelva a sus justos términos: la elección de las familias por un proyecto educativo determinado y no como una finta a la avalancha de los indicadores educativos. Si la calidad no depende del centro que se elija, la elección será por ideas y creencias, no por necesidad.