Los deberes escolares “provocan desigualdades sociales”, “crean tensiones entre padres e hijos” y “constituyen un problema para muchos progenitores”. Por estas razones, CEAPA, la principal confederación de padres y madres de la escuela pública, se plantea seguir los pasos franceses y convocar una huelga de deberes escolares en casa. Recuperándome del estupor sólo puedo acudir a la ironía e imaginar cómo el piquete informativo de papá y mamá boicotearán al niño sentado en su mesa de estudio. Porque en esto quien manda la tarea es el colegio y la hace el escolar, se supone.

Reconozco que mi estupor no viene por la reflexión sobre los deberes. CEAPA denuncia su sobrecarga. Cierto, es el centro el que debe medir el tiempo requerido, entendiendo que los deberes son para asentar conocimientos y generar hábitos y no un trabajo punitivo. Y promueve unas tareas más competenciales y complementarias, que es acertado.
Me sorprenden las razones. Los deberes provocan “desigualdades”, dice CEAPA, porque hay familias que “intentan ayudar a sus hijos” y otras que no. Así, en ese igualitarismo tan extraño, penamos al padre comprometido que, vaya desfachatez, se involucra –que no suplanta– con las tareas escolares de su hijo. Así, de paso, eliminamos también una fuente de conflicto paterno-filial, porque no vaya la escuela a meternos en el lío de tener que educar a nuestro hijo. Para que haya igualdad, eliminamos el compromiso; para que haya paz, claudicamos como educadores. Y así, tercera razón, se acabó el “problema para muchos progenitores”. Simplemente, de tener un problema pasaremos a ser un problema. Porque es un hándicap educativo para el escolar que sus padres renuncien a su tarea educadora.
Lo que genera desigualdad es promover este mensaje inicuo que las clases ilustradas obvian. Hay que evitar darse una y otra vez contra el iceberg, porque en el Titanic los pasajeros de primera clase siempre encuentran un sitio reservado en los botes salvavidas. Como recordaba un paper reciente de PISA 2009, “no hace falta un doctorado” para que la implicación de los padres con el estudio mejore el éxito escolar de los escolares. Ya es hora que todo ese pretendido esfuerzo que exigimos al alumnado, también se lo pidamos a los padres.

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Publicado en El Mundo Valencia.