La Comunitat Valenciana es la segunda región europea con menor porcentaje (19,6%) de jóvenes cursando FP o Bachillerato. Además, el 59,8& de los valencianos de entre 20 y 24 años es universitario. Ya sabemos nuestra tasa de fracaso en ESO (34%) y abandono educativo (27%), cifras que dejan bien claro que nuestra juventud dibuja un desequilibrio formativo en forma de diábolo: una amplia base de abandono, un cuello de botella central en FP y una cúspide nutrida de universitarios.

Acierta el ministro Wert cuando dice que hay que aumentar el número de titulados de FP de Grado Medio. Por eso, el hipotético éxito de la nueva reforma educativa beneficiaría sobre todo a las comunidades mediterráneas como la nuestra.
El borrador de la LOMCE pretende, fundamentalmente, esto. Un camino que ya inició el anterior gobierno. Es una práctica de éxito internacional alargar la educación común cuanto más lejos mejor. Pero ya la praxis convenció a mucha izquierda que en España se requiere flexibilizar este principio para reducir nuestro liderazgo europeo en abandono educativo.
Otro de los dogmas que derribará la Lomce es la autodenominada gestión democrática de los centros con el incremento de las decisiones del director. Un concurso de traslados (donde se elige plaza a ciegas) se lleva por delante, por ejemplo, una línea en valenciano o un proyecto en el que determinadas asignaturas se imparten en inglés. O cualquier plan de refuerzo.
No termina de convencerme la reválida de la ESO. Tampoco que la nueva FP Básica no permita lograr el título. El fracaso no está en quienes llegan a cuarto de la ESO, sino en los que se quedan por el camino. De hecho, recomendaría al PP revisar su dogma favorable a la repetición, que es cara, inútil y desalentadora.
Por eso mismo, es acertada la evaluación de tercero de Primaria. Permitirá corregir a tiempo las incipientes desviaciones formativas, que es donde hay que intervenir, al igual que los programas de mejora del aprendizaje a principio de la ESO. La idea es flexibilizar el instituto para que más alumnos lleguen a la meta, pero
no ponérselo más difícil a aquellos que llegan al final de la obligatoria sin resuello.

(Publicado en El Mundo Valencia)