Será la casualidad. La semana pasada, mientras la nueva mesa de directores impulsada por la Conselleria tenía su primera reunión, la Mesa Sectorial, la de los sindicatos, establecía un calendario de negociaciones para lo que queda de curso. Y es muy significativo que la norma que permitirá establecer el horario matinal en los colegios se aborde en la mesa de los sindicatos, y no en esa reunión en la que los directores de los centros más destacados hablaron de medidas y planes para luchar contra el fracaso escolar y mejorar la calidad educativa. La jornada continua no tiene nada que ver con la calidad. Es, sólo, una mejora laboral para el profesorado.

Cierto es que la jornada continua puede venir bien a más de una familia por logística doméstica. A algunos les viene bien y a otros mal. Un terreno resbaladizo porque deja de ser pedagógico y pasa a la decisión mayoritaria, más bien, a la presión de las minorías activas. No hay posibilidad de argumentar sobre la conveniencia, ni tienen más razón, desde este prisma, unos que otros. Educación exigirá que el 90% de los padres apruebe el cambio de jornada y, obvio, desde este criterio ‘democrático’ tiene poco sentido ¿Por qué no la mitad más uno? Es fácil: si fuera tan inocuo el cambio de jornada, con la mitad bastaría. Pero no lo es, y se sabe, y por eso hay que reforzar la mayoría, se exige casi la unanimidad.
Pese al calificativo de democrático, la separación de poderes de Montesquieu brilla por su ausencia. Así un sindicato docente se dedica a fomentar, sino crear, una plataforma de padres a favor de la jornada continua. O recoge firmas, dicen ir por 40.000. O asesora a los centros que ya tienen este curso la jornada continua a la hora de elaborar la evaluación trimestral de este pilotaje. Vaya evaluación de la jornada continua si quien la escribe, o la dicta, es su principal promotor.
No hay causa pedagógica para el cambio, sólo un ánimo laboral que encuentra aliados en la conveniencia de algunas familias. Es el engaño, porque la conciliación no está en la escuela, sino en las empresas, en los horarios laborales sin parangón en Europa. Y en una crisis que aconseja ahorrarse el comedor.

Publicado en El Mundo Valencia.
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