¡Siete libros y cuadernos para Matemáticas de Primaria! Con cierto retraso por aquello de los currículos nuevos, julio es mes de reserva de libros de texto. Y sigue sorprendiendo comprar tanta bibliografía cuando todavía queda alguno sin estrenar del curso que termina.
La Administración propone la reutilización de los libros, alternativa barata a convocar becas. Y activa Llibrey, una web para el intercambio de libros de texto, de tal forma que las familias puedan dar los libros de curso pasado a otras familias para éste. Aprovecho a todos a hacerlo, o a entregarlos en los bancos de libros que muchos centros han creado.

Frente a este gasto en libros, se suele mirar a la Administración, porque su gratuidad fue fugaz y fue rápidamente en retroceso hasta su desaparición a medida en que se agravaba la crisis de fondos públicos.
Siendo lo anterior exacto, empero, no hay ley que obligue a utilizar libros de texto en el aula. Así, que no sean gratis sería achacable a la Administración; que cuesten 0, 150 o 300 hay que mirar adentro. Son los docentes y/o los centros los que añaden filas a la lista.
He dicho en alguna ocasión que, además, el libro de texto convierte el cinco en diez, pues se elaboran siguiendo los currículos oficiales basados en contenidos mínimos, pero quién niega la máxima nota al niño que rellena bien todo el libro. Quedarse en el libro, pues, trunca la excelencia de la que tanto adolece nuestra escuela.
¡Los he visto! He tocado y usado materiales elaborados por los propios maestros que perfeccionan cada curso para utilizar en su aula. Donde el libro, a lo sumo, es material de apoyo y no timón de la clase. Conscientes de que un folio en blanco y las indicaciones oportunas educan tanto como una ficha del gusanillo trimestral.
Las administraciones intentan incentivar a los docentes para que elaboren sus materiales. Incluso el Ministerio convoca unas ayudas para recursos digitales. Un camino que en cualquier caso tendrían que tomar los profesionales por si mismos.
Dice el refrán: “Cada maestrillo tiene su librillo”. Lo cierto es que no. Muchos lo compran ya hecho… Más bien, mandan comprarlo a las familias, que es la que paga.

Artículo publicado en El Mundo Valencia el 15 de julio.