Somos los primeros de España. La Valenciana será la comunidad que primero comience el curso escolar. Una semana antes que la mayoría de las autonomías y dos con las más tardías, en el caso de Secundaria. Académicamente, esto significa poco; mayor relevancia, si acaso, tiene que también nos convirtamos en la comunidad con más días lectivos. Organizativamente, la influencia de la medida sí tiene repercusiones.
Recordemos: colegios e institutos comenzarán todos el 3 de septiembre y FP el día 12; Infantil y Primaria terminarán el 19 de junio y ESO, Bachillerato y FP el 10 de junio. Por tanto, Infantil y Primaria tendrán cuatro días lectivos más y dos más la ESO.

Este inicio de curso adelantado completa los cambios impuestos por la Conselleria de Educación en el calendario escolar, iniciados el curso pasado con el adelanto de las recuperaciones en julio. Decisiones complementadas con las adjudicaciones de puestos provisionales docentes e interinos en julio, aunque siempre quedan pendientes algunas, o surgen nuevas vacantes, para septiembre.
En resumen, queda un curso más compacto de diez meses, que principia en todas sus etapas obligatorias a inicios de septiembre y concluye, con las recuperaciones, a finales de junio.
Entre las ventajas, la desaparición del encabalgamiento entre un curso y otro durante los primeros días de septiembre, cuando coincidían recuperaciones, matrículas extraordinarias e inicio de curso. Esto debería permitir a los centros contar con todo un mes, julio, para planificar sin incógnitas, sin tener que hacer suposiciones con los resultados de las recuperaciones y el número de repetidores. La tercera, no tan compartida, es que opino que también el alumno suspenso requiere de un agosto libre en lugar de tener al estudiante renqueante una década (suspendiendo en ESO, Bachillerato y Grado) siempre pendiente del próximo examen, se supone.
Sin embargo, estas decisiones se han adoptado con dos rasgos determinantes para su conveniencia: carecen de consenso y de profundidad. Ambos calificativos se resumen en uno: falta debate sobre el modelo de calendario escolar que queremos y una vez determinado, el consenso sobre cómo conseguirlo. En definitiva, preguntarse si las fiestas intermedias son las pertinentes, si el curso debería ser más extenso con más vacaciones intermedias o más compacto, si le damos algún sentido académico a julio o no, si la jornada intensiva de septiembre y junio se extiende a voluntad o se elimina por norma, si más clases suponen más calidad educativa o no, si para recuperar asignaturas no basta una semana pero sobran dos meses, etcétera.
Reconozco que es tirar de solución sencilla evitar los debates concretos por elevación, eludir el primer árbol con aquello de que no deja ver el bosque. Y en Educación soy menos de los grandes pasos y más de los mil pasos cortos hacia la misma dirección. Así se avanza y no se cae en la inacción esperando encontrar la receta milagrosa.
Así, el hecho concreto es que en apenas tres días tres cuartos de millón de escolares entran en clase y el adelanto es un examen que la Conselleria se ha querido poner. Políticamente, quizás un riesgo innecesario en año doblemente electoral (en diciembre son las sindicales docentes). De primeras, a muchas familias les ha podido parecer bien la medida, aunque es difícil cifrar si se han tenido que adelantar retornos vacacionales para preparar el nuevo curso.
El adelanto tensiona, fundamentalmente, la organización de los institutos de Secundaria públicos. La diferencia del impacto que tendrá entre Primaria y Secundaria se debe sobre todo a la especialización de esta segunda, ya que en Primaria cubrir las ausencias es más sencillo con las horas de guardia de un cuerpo fundamentalmente generalista. Es un riesgo la coincidencia de los inicios de curso, ya que al fin y al cabo terminando como lo hará la ESO el 10 de junio, había margen para que finalizara más tarde. Que coincidieran los finales, por ejemplo, y no los inicios. Pero ahí es donde incide el adelanto de las recuperaciones de junio, que inicialmente iban a ser en julio y por tanto la ESO necesita días entre fin de curso y recuperaciones.
Mayor es la diferencia entre pública y concertada. No hay que olvidar que en la pública más del 20% de la plantilla cambia de puesto entre traslados, comisiones de servicios, suprimidos, provisionales e interinos. Esto de media, es decir, que en algunos centros mañana los docentes tendrán dificultades de encontrar alguna cara conocida entre sus compañeros. Y entre nuevas adjudicaciones, nuevas bajas y plazos de reclamaciones, todavía no estarán todos. Esto no pasa en la concertada.
Además, este cambio se produce justo con la implantación de la Lomce. Dos días para coordinar novedades como las programaciones por curso con la desaparición de los ciclos, las seis sesiones diarias y el nacimiento de la nueva Formación Profesional Básica (aunque ésta comienza el día 12). En definitiva, frente a las curvas impuestas por el Ministerio, la Conselleria obliga a los centros educativos a pisar el acelerador. Si sale bien, habría que ver si lo ganado sale a cuenta para el riesgo asumido de estrellarse. En tres días (mañana) sabremos –en parte– el resultado.

Artículo publicado en El Mundo Valencia el 31 de agosto de 2014.