Tres agujeros negros tiene el debate educativo y recurrentemente florecen, lo que nos lleva entretenidos décadas: la religión, la lengua y la concertada. Es reintroducir una de estas cuestiones en la rueda de reforma normativa y detenerse el mundo. De tan espinosos, creo ya imposibles los consensos y a lo máximo que aspiro es a alcanzar un equilibrio que descontente a todos pero permita, al menos, avanzar. Lo vio el ministro Gabilondo y, sacando estos temas de la negociación, casi consigue el ansiado pacto.

El debate sobre la religión es atávico en España. El de la lengua es propio de todas las autonomías bilingües. Baleares lleva lustros encallada en el tema.
Ahora ha saltado a la palestra el modelo de conciertos sobre los que orbitan los otros agujeros negros. La concertada es en gran parte en castellano y católica. A esto se suma una oposición puramente laboral desde entornos de la pública. No es casual que uno de los colectivos más contrarios a la concertada sea el de los interinos.
Los tres resurgen con la llegada de las elecciones autonómicas porque los partidos se encuentran cómodos en la discusión estéril sobre la educación y en enfrentar los suyos con los otros. Qué ventajista esa visión competitiva en la que un niño de la concertada quita recursos a otro de la pública.
Sin menospreciar la importancia democrática y social de estos temas, relativizo la que tienen entre los retos de la educación valenciana, como la reducción drástica de la repetición, el incremento de recursos, la mejora de la excelencia, el acceso y formación del profesorado, la desprivatización de la práctica docente o la revolución pedagógica para un futuro tecnológico, postindustrial y global.
Estos temas ocupan menos espacio en el debate, ni suscitan grandes adhesiones o protestas. Pero condicionan el futuro de nuestros hijos en un mundo occidental que tras perder la centralidad de la mano de obra ve también desplazarse el conocimiento. Y no debatimos el síntoma que supone que las únicas comunidades en las que vuelve a crecer el abandono sean Valencia y Baleares. El baldón de tener un modelo productivo en el que la mínima mejora en el empleo vacía los institutos.

Artículo publicado en El Mundo Valencia el 3 de febrero de 2015.