En la revista Educa Nova –de los inspectores de Educación– se publica un artículo sobre ergonomía escolar. Partiendo de la evidencia de la variabilidad entre pesos y alturas de los infantes, el autor proponía mobiliario ajustable. Cualquier padre podemos ver la clase de nuestros hijos, comparar la diferencias físicas en esas edades en las que se crece a estirones, y sentarnos en las tutorías en cualquier silla del aula, todas iguales.
La edad es el principal criterio de clasificación escolar. La edad es la última frontera para convertir de verdad los centros de enseñanza en centros de aprendizaje. De una organización que clasifica al niño, a que las necesidades del niño organicen el sistema educativo.

En España la escolarización se basa en el año natural de nacimiento. En otros países, como Inglaterra, es el curso escolar.
Esta rigidez administrativa se quiebra por la vía de los hechos. Es práctica común en las aulas de Infantil y sus agrupaciones internas. También por el hecho de que el 40% de los estudiantes repite algún curso a lo largo de la enseñanza obligatoria. Y del otro 60%, un porcentaje no desdeñable –altas capacidades–, directamente se aburre. A este alumnado con mayor potencial, los profesores preferirían atenderlos “dentro del horario lectivo, fuera del grupo ordinario y en las materias en las que el alumno presente un nivel curricular superior al que le corresponde en el curso en el que está escolarizado”, según una encuesta que presenta hoy la Consejería de Educación de Castilla y León.
Cada vez se estudia y pone en práctica más el agrupamiento por capacidad (ver blog del catedrático Javier Tourón), el trabajo por proyectos, los desdobles y refuerzos, los grupos inter-edades y/o homogéneos… En definitiva, modos distintos de flexibilizar la organización escolar más allá de la edad. De una forma no curricular, son exitosas las experiencias de la mediación entre iguales para la mejora de la convivencia o el enriquecimiento humano que está aportando a los ciclos de FP la incorporación de adultos por la crisis.
Es, sobre todo, la inercia, más que la norma, la que sigue dando la misma silla para todos los nacidos en el mismo año.

Artículo publicado en El Mundo Valencia el 18 de febrero de 2015.