La generación más formada de nuestra historia ya es padre. O madre. Al menos, está en edad de serlo. Está cambiando la relación entre escuela y familia. Éstas y otras causas nos llevan hacia un nuevo empoderamiento de las familias. Educativo, instructivo si se quiere, paradójicamente, ahora que tanto se habla de la renuncia educadora de los padres por transmitir valores y otros civismos que dejan para la escuela.

El mayor nivel formativo modifica la interacción con el docente, ahora más igual. Un buen porcentaje de padres posee al menos el mismo nivel formativo que un claustro. Llega con ello la exigencia, el análisis crítico de cuanto acontece en las aulas. No basta, pues, esa autoridad nominal que las leyes reconocen, sino que las familias cuestionan lo que no refrendan los hechos. Hay nuevos porqués y un sector docente lo ve como amenaza.
Este empoderamiento también se produce frente a la escuela de tal forma que más familias se sienten capaces de atender lo que consideran carencias del sistema. Algunos investigadores se preguntan si esto no está detrás de la expansión de movimientos como el homeschooling o la adhesión de una parte de padres a la jornada continua. Si el colegio no cumple las expectativas mejor, entiende la familia, tener tiempo para hacerlo yo. Que las extraescolares den lo que no da la escuela, como los idiomas o los deportes.
Pero las familias llegan más allá, y adquieren esta actitud educativa activa, desde una perspectiva más competencial y no curricular (¿no es el cambio que se exige a los colegios?). Con una tendencia escolar a potenciar las instrumentales, el ocio familiar se llena de actividades educativas y talleres. Vean la agenda de fin de semana de cualquier periódico o los innumerables blogs, tutoriales, etcétera, con cosas para hacer con los niños.
Un ejemplo es la competencia tecnológica. El equipamiento de los colegios fue anterior al de las familias y ahora PISA nos dice que el uso de las TIC en el aula puede ser contraproducente, lo contrario que sucede con las TIC en casa.
Cada vez más familias asumen su propio proyecto educativo. Sienten la necesidad de complementar lo que no encuentran en el colegio. Y se ven capaces.

Artículo publicado en El Mundo Valencia en octubre de 2014.