Hace unos años, un director de un colegio público puso un pequeño anuncio en nuestro periódico en el que mostraba las excelencias de su centro. Su objetivo era atraer a docentes experimentados en el concurso de traslados. Un hecho aislado, porque el ‘fichaje’ de profesionales no forma parte de la tradición educativa.

Recientemente, atrajo mucha atención en los medios que un maestro español fuera preseleccionado para “El mejor profesor del mundo”. La enseñanza tiene su espacio en el aula y al docente como protagonista, pero choca contra el paradigma pensar con nombres y apellidos.
De hecho, nuestro sistema trata al docente como ficha intercambiable. Ya sea por pensar que a misma antigüedad, especialidad y méritos académicos, mismo resultado, o ante el temor de quebrar convenios colectivos. No hay fichajes, ni a golpe de talonario ni a través de otras ventajas laborales. Por ejemplo, cuánto talento podrían, si pudieran, atraer los centros de Valencia al prometer a funcionarios acercarles a su casa. O la privada, con dinero, contratar a los más destacados.
En Educación no hay fichajes. Los docentes quedan anónimos. Ni siquiera el marketing educativo ha profundizado en esta idea de destacar lo que aporta al centro una nueva incorporación docente. Qué sé yo, reforzar un proyecto de innovación tecnológica anunciando la llegada de un profesor formado en Apple o el fichaje de un docente nativo para nuestro modelo plurilingüe.
Es habitual que los colegios comenten en sus revistas y redes sociales las actividades en las que participan sus alumnos. En cambio, no trasladan a las familias la formación que realiza su profesorado, ni los méritos que alcanza. Sólo en los postgrados y escuelas de negocio se destaca el currículo del profesor que imparte la formación.
“La calidad de un sistema educativo es la calidad de su profesorado” según dijo el Informe Mckinsey. Sorprende que esta máxima no derive hacia la individualización docente. Que salte a la palestra el valor añadido que cada profesor aporta. No vaya a ser que los muy buenos destaquen y lo quieran cobrar. Susto. Mejor esa mirada igualitarista que mina la excelencia en docentes y discentes.

Artículo publicado en El Mundo Valencia el 31 de marzo de 2015.